Las vallas son un elemento esencial en lo que a protección y
seguridad de piletas se refiere. Eso sí, teniendo siempre claro que en ningún
caso son el sustituto de la vigilancia directa, más aún si hay presencia de
niños en los alrededores. Pero, existen numerosas modalidades de vallas y
conviene que sepamos cuál es la que mejor responde a nuestras necesidades.
Sin embargo, de forma general, los usuarios deben tener en cuenta
una serie de aspectos que son comunes a cualquiera de ellas. Estos tienen que
ver, básicamente, con la forma en la que se deben instalar.
La mayor parte de las vallas rodean el perímetro de la
pileta. Es esencial, por tanto, medir bien el espacio que deben ocupar. Si
disponemos de margen, lo más recomendable es que dejemos entre un metro y metro
y medio de distancia entre el borde de la pileta y la valla. Así podemos
movernos sin problemas por la zona y los niños pueden corretear sin riesgo de
caerse.
Otro factor clave a la hora de instalar una valla es el tipo
de superficie que tenemos. No es lo mismo que sea hormigón, madera o terreno a
la hora de colocar las sujeciones de la valla. En los dos últimos casos
tendremos que taladrar la madera o el terreno en proporción al tamaño del
pincho inferior de los postes de la valla, que para estos casos se recomienda
sea de 30 mm. de grosor para asegurar su estabilidad. Con hormigón o materiales
de similares características, más resistentes, basta con diámetros de grosor 16
mm.

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