Es imposible que mantengamos la calidad del agua de nuestras
piletas sin la contribución de determinadas herramientas. Es el caso de los
limpiafondos que sirven para que no se acumule la suciedad en el suelo de la
pileta, incluso ayudan a eliminarlos en las paredes y en la línea de agua. Esta
acción es tan importante porque de no retirarse, son el ámbito perfecto para
que se desarrollen los microrganismos que infectan y estropean el agua, incluso
pueden llegar a deteriorar la propia pileta.
Tipos de limpiafondos
Básicamente existen dos tipos de limpiafondos, los manuales
y los automáticos.
Los limpiafondos manuales imitan en su funcionamiento a los
aspiradores tradicionales que se usan en las viviendas. Constan de un cabezal y
un mango telescópico que permite que se manejen fácilmente. Su ventaja frente a
los cepillos, que solo remueven la suciedad, es que los limpiafondos van
conectados al sistema de filtrado de la pileta, de forma que lo que se retira
va a parar ahí. Son los más indicados para piletas de pequeñas dimensiones.
Respecto a los limpiafondos automáticos, su mayor virtud es
que permiten al propietario programar el horario de funcionamiento y no tener
que estar pendientes de la tarea. A su vez se pueden diferenciar dos
modalidades, los hidráulicos y los eléctricos.
El funcionamiento de ambos es
similar, pero cambia el hecho de que sean totalmente independientes del resto
de la instalación de la pileta, como sucede con los eléctricos. Los
hidráulicos, sin embargo, van conectados al sistema de aspiración de la pileta.
Su mayor ventaja es que no consumen energía alguna al funcionar simultáneamente
a la depuradora.

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